Cuando Carlos Weber empezó a ejercer como docente en el año 1983, dictaba clases de religión tomando elementos de la magia, el teatro y la música para cautivar a sus estudiantes. La Escuela Japón (ahora conocida como Escuela Estado de Palestina), ubicada en un sector de Santiago de Chile altamente vulnerable, no tenía suficientes recursos, pero eso no fue un impedimento para él.

Al principio utilizaba instrumentos que tenía en casa, luego se enteró de que en la bodega municipal había instrumentos que nadie estaba utilizando y solicitando el uso de éstos, formó su primera banda musical. Desde ese entonces, entendió algo que marcaría el rumbo de su carrera: la música tiene el poder de cambiar vidas.

Este docente de religión y música tenía algo en mente: quería transformar su banda escolar en un proyecto social de gran impacto.

Para lograrlo, difundió su idea una y otra vez, consiguiendo así, apoyo por parte de la Embajada de Alemania en Chile, quienes motivados por la idea de este docente líder, decidieron hacer una donación a la banda. ¿El resultado? Un cambio en la identidad de la escuela y en la mentalidad tanto de padres como de estudiantes. La escuela ya no estaba estigmatizada por estar ubicada cerca de un vertedero y los padres de los niños empezaron a entender que sus hijos podían aspirar a mucho más… y todo gracias a la música.

Los estudiantes mejoraron las asistencia a clase, la disciplina, su autoestima y por ende, el rendimiento académico.

Los resultados en pruebas estatales en la escuela fueron notables y gracias a esto, se creó la Coordinación por el Desarrollo de la Música y las Artes, proyecto por medio del cual Weber logró conseguir profesores de música para otras escuelas, salas de música, más horas para esta asignatura, instrumentos y sobre todo, relevancia. “La música salvó y cambió la vidas de estos niños”, asegura el profesor y logró posicionarse como una materia fundamental para el desarrollo de todos estudiantes que empezaron a creer en sí mismos.

“La lectura musical, el solfeo y el tocar instrumentos, hizo trabajar los hemisferios cerebrales de los niños estimulando la comprensión de lectura y las matemáticas. Comenzó a ser una clase esperada y participativa”.

“Lo primero y más esencial para mí es CREER en mis alumnos, creer que son capaces. Lo segundo, brindarles todo el cariño necesario y comprometerme con sus vidas, sus historias”.

Carlos Weber no sólo consiguió instrumentos y logró relevar la importancia de la educación musical, también hizo algo indispensable para que sus estudiantes entendieran que a pesar de las dificultades, alcanzar sueños sí es posible: creyó en ellos, en sus capacidades y les entregó la música como elemento transformador. Pero además de la música, utilizó estrategias que lo llevaron a construir procesos de aprendizaje significativos.

Por ejemplo, se centró en hacer anotaciones positivas, reforzó las buenas acciones, integró a las familias, los llevó afuera de la sala de clase a conciertos, los puso a escuchar música, imaginar historias, tocar instrumentos, vivir la experiencia musical desde todos los ángulos posibles. Todo esto lo llevó a formar 15 bandas escolares, además de La Banda Estación, un grupo conformado por estudiantes apadrinado por el grupo musical Los Jaivas, que ahora recorre el país haciendo giras.

“En terreno, experimenté y confirmo a diario lo que dice la teoría y los estudios internacionales sobre el aporte de la música en la educación”.

Después de 23 años, Carlos Weber sigue tomando acciones que impulsen la música como herramienta pedagógica vital. Además de sus bandas, tiene dos iniciativas: el MusiTour y La vida mágica en tu escuela. Con éstas, busca visibilizar la importancia del aprendizaje musical, sensibilizar a toda la comunidad educativa, consolidar diversas agrupaciones musicales e impactar a muchos estudiantes que gracias a su gestión, han encontrado en el aprendizaje de la música, la respuesta que necesitaban.

Muchos de los alumnos que pasaron por su aula, hoy escriben a Carlos para agradecer, para compartir sus logros profesionales y para comprobar como dice él que “sólo los que sueñan logran lo imposible”

¿Conoces a un docente como Carlos? Nomínalo aquí al Global Teacher Prize Chile