En la siguiente nota del diario “El Mercurio”, podrás conocer las grandes historias de los cinco profesores finalistas del Global Teacher Prize Chile 2017 y que nos representarán en el “Nobel de la Enseñanza” el próximo año. Desde la educación pública municipal, la educación técnico profesional y la educación rural, estos docentes impactan día a día a su comunidad educativa para lograr aprendizajes significativos en sus alumnos.

Agradecemos a todos los chilenos y chilenas que, a través de sus nominaciones, reconocieron públicamente el valioso trabajo que realizan los profesores día a día, así como a todos los profesores que postularon a este importante reconocimiento. Te invitamos a seguir este proceso y conocer prontamente al gran ganador.

 

Estos son los cinco mejores profesores de Chile, nominados al “Nobel de la Enseñanza”

Algunos sintieron la vocación por la pedagogía desde niños, otros la descubrieron con el paso de los años, pero todos coinciden en buscar formas atractivas de enseñarles a sus alumnos.

Fue un récord. Este año llegaron 24.427 nominaciones de profesores para ser elegidos como el mejor del país en el Global Teacher Prize Chile, más del triple de las que hubo en 2016. Alumnos, ex estudiantes, apoderados, docentes y los mismos colegios fueron los encargados de nominarlos.

De ellos, solo 1.101 postularon finalmente al premio, completando ellos mismos todos los requisitos y explicando por qué creían que se merecían ese título.

“Estamos muy contentos de esta participación pública y masiva de reconocer a los profesores de Chile”, dice María Paz Medeiros, subdirectora de Elige Educar, organización sin fines de lucro que, en alianza con la Fundación Varkey, es la encargada de las nominaciones nacionales.

Los cinco finalistas, seleccionados por un panel de expertos, serán postulados para representar a Chile en la versión internacional del Global Teacher Prize, donde desde 2015 se entrega el galardón conocido como el “Nobel de la enseñanza”, además de un premio de un millón de dólares.

El próximo mes se sabrá cuál de los cinco finalistas chilenos se quedará con el título nacional y se adjudicará 10 mil dólares.

Las matemáticas sí pueden ser entretenidas
Marcela Rodríguez, Liceo A-1 Octavio Palma Pérez, Arica:

Medir el Morro de Arica usando el Teorema de Tales, reforzar las tablas de multiplicar jugando fútbol o enseñar geometría construyendo un puente. Así son las clases de Marcela Rodríguez (30). Hija de dos profesores de matemáticas, esa materia siempre le pareció sencilla, por eso entró a estudiar Ingeniería. Sin embargo, en el primer año entendió que su motivación era replicar el camino de sus papás. “Me gustaba enseñar y me juntaba con los compañeros a los que más les costaba. Ahí supe que lo mío era la pedagogía”.

Y no se equivocó. Sus propios alumnos la postularon para ser la mejor profesora de Chile, y aunque está feliz, dice que aún tiene mucho que aprender. Con los estudiantes tiene una relación muy estrecha. Incluso, para apoyarlos, creó un preuniversitario social para alumnos que no pueden costear uno particular. Cada vez que termina una clase, Rodríguez dice que le surgen dos preguntas: “¿Habré llegado a todos mis estudiantes? ¿Les habré explicado bien la materia?”.

Intentando responderlas, siempre busca nuevas formas de enseñar las matemáticas y de convertirlas en un juego para reflexionar. “Cuando hay un alumnos que dicen que no les gustan, yo pienso, pero cómo, si son tan divertidas las matemáticas,al menos como me las enseñaron en mi casa”, señala.

Estar lejos no es obstáculo para aprender
Mauricio González, Liceo Técnico Profesional, Colchane:

Mauricio González (58) estaba en el servicio militar cuando supo que quería ser profesor. “Mis compañeros tenían estudios incompletos y cuando hacíamos las guardias, yo lo motivaba para que terminaran”. Por eso estudió Pedagogía, y junto a su mujer, también profesora, partieron hace 28 años a trabajar a Colchane, un comuna fronteriza con Bolivia, en la que viven 1.300 personas a 3.800 metros sobre el nivel del mar, donde solo hay luz eléctrica cuatro horas al día y el teléfono llegó hace escasos siete años.

Profesor de Ciencias Naturales, se dedica a traspasarles la ciencia y la tecnología a sus alumnos, la mayoría hijos de pastores y ganaderos de la zona. Gracias a él se creó la primera radio del pueblo, junto a sus alumnos armó invernaderos en policarbonato –“los pobladores usaban plástico y el viento los hacía pedazos”-, los guió para que crearan deshidratadores de charqui, de fruta y artefactos para calentar agua con energía solar y participaron en un proyecto de la Usach para media la radicación solar en el altiplano.

“Siempre hay proyectos nuevos. Con Explora tenemos proyectos para investigar el conocimiento astronómico de los aymaras antiguos. Los niños deben salir a terreno a entrevistar a sus abuelos, buscar en internet y en le bibliografía, que es poca. Queremos recuperar este conocimiento para que no se pierda la cosmovisión andina”.

Lograr que los alumnos se enorgullezcan de su trabajo
Eduardo Cortés, Colegio Diego Echeverría, Quillota:

A Eduardo Cortés (35), más que tener a los alumnos ordenados en la sala, le interesa que estén motivados en las clases. Por eso, uno de los proyectos que organizó este profesor de Tecnología es que, a fines de año, los alumnos de técnico eléctrico ayuden a la comunidad.

“Para hacer algo que los enorgullezca, en vez de hacer el circuito en el colegio, con tableros donde colocaban y prendían una lucecita, decidimos que vayan a casas y cambien toda la instalación eléctrica para evitar peligro de electrocución, incendios y otros problemas. Ha sido una bonita experiencia y se volvió una tradición en el colegio”.

Para financiar la iniciativa, participan en diversos proyectos de innovación y ferias tecnológicas. Así han creado un brazo robótico y ahora construyen una lavadora que funciona gracias a la energía generada en una bicicleta estática, a la que bautizaron “lavacleta”. “Hay que creer que los alumnos son capaces de hacer más cosas de las que ellos creen”.

Una educadora de párvulos que abre mundos a sus niños
Beatriz Saavedra, Liceo Cacique Colin, Lampa:

El abuelo de Beatriz Saavedra (59) no sabía ni leer ni escribir y ella lo descubrió cuando tenía 7 años y vivían juntos en Llaillay. “Le pedí que me ayudara a leer una palabra complicada, él me miró asustado y me dijo que no sabía. Que él no necesitaba leer para trabajar en el campo. Y eso me marcó: ver a mi abuelo tan resignado, al alero de su chupalla que no lo dejaba ver más allá”.

Desde entonces supo que quería enseñar, para que la historia de su abuelo no se repitiera. Con los años, encargada de criar a los hijos de las vecinas que partían a trabajar al campo, se dio cuenta de que lo suyo era la educación parvularia.

En una pasantía en España, aprendió que allá las salas las dividían según el tema que se enseñaba. “Los niños con los que trabajo tenían muchos problemas de lenguaje y eran muy tímidos. ¡Si son niños de campo!”. Por eso creó el “Rincón de la televisión”, donde los niños crean distintos canales, donde hablan de noticias, recetas de cocina, etc. Esta iniciativa, que los ayudó a mejorar en Lenguaje fue replicada hasta segundo básico de su establecimiento en incluso reconocida a nivel provincial.

Además, apoyada por la Iglesia, hace 24 años instaló un jardín infantil comunitario, el que aún sigue funcionando, ahora en la antigua casa de sus papás en Lampa. “He visto tanto logros con mis niños y mis apoderados, como los quería ver con mi abuelo. Yo quería que él viera otro mundo, y ellos lo están haciendo”. Y agrega: “A muchos papás los persigo, les digo que su hijo puede. Tengo muchos ex alumnos que ahora son profesionales, en muchos casos los primeros de su familia”.

La literatura derriba límites
Marcela Henríquez, Liceo Polivalente Carlos Montané Castro, Quirihue:

Marcela Henríquez (38) estudió un doctorado en Literatura Latinoamericana, ha hecho pasantías en Madrid y también pasó un verano en la Universidad de León (España) perfeccionándose. Pero ninguno de sus títulos la ha hecho pensar en alejarse de su pueblo natal, Quirihue (Región del Biobío), donde es profesora de Lenguaje y Comunicación de 1° a 4° medio.

Su foco es motivar a sus alumnos con la lectura, una tarea difícil cuando muchos llegan a la enseñanza media sin haber leído cuentos clásicos. Gracias a su motivación, hoy varios alumnos le piden que les recomiende libros para las vacaciones y muchos de sus ex alumnos se lo agradecen. “La lectura es una habilidad que sirve para la vida en general. Una buena comprensión lectora les ayuda en Matemática y en Ciencias”.

Además de leer, esta profesora se preocupa de que sepan escribir ensayos, y así, en ocasiones sus alumnos fueron ganadores nacionales del concurso “Leer, pensar y hablar”, organizado por la Fundación Amigos del Arte y Educar Chile. “La idea de que adquieran herramientas para seguir estudios superiores, que lleguen a la universidad y sepan cómo escribir un ensayo. Que no haya diferencias entre ellos y sus compañeros que vengan de sitios más privilegiados. La idea es que ellos no tengan límites”.