Profesor Eduardo Cortés
Colegio Diego Echeverría, Quillota (Valparaíso).

Cuando hablamos de una educación acorde al siglo XXI, hablamos en gran parte de lo que el profesor Eduardo Cortés Inostroza (35) está haciendo hoy en su sala de clases. Este docente de la Escuela Industrial Ernesto Bertelsen Temple de Quillota, región de Valparaíso, está llevando la enseñanza de la Tecnología un paso más allá, dándole a esta asignatura un nuevo aire y protagonismo capaz de impactar profundamente a sus estudiantes y a toda la comunidad.

Siendo profesor de Educación Media Técnico Profesional, Eduardo sabe que el desafío de movilizar aprendizajes en sus estudiantes es imposible si no lo hace involucrándolos en algo que realmente tenga sentido en sus vidas, que les sirva, que no termine en la basura. Así, a través de una metodología basada en proyectos, este profesor ha motivado a sus estudiantes a ser ellos mismos quienes encuentran soluciones a sus problemas y a los del entorno, despertando no sólo el gusto por aprender sino, además, fortaleciendo un aspecto fundamental: su autoestima.

Desde el año 2010 distintos e ingeniosos proyectos, como la creación de un brazo robótico, de un cortador de botellas de vidrio que permite reutilizar ese material, la creación de una bicicleta eléctrica cargada con energía solar o de una máquina de soldar hecha con trasformadores de microondas le han significado a sus estudiantes numerosos reconocimientos en diversos concursos y ferias tecnológicas de la región. Sin embargo, una de sus ideas se ha transformado en un proyecto emblemático no sólo de su asignatura, sino de toda la comunidad.

Se trata de la “Misión Aconcagua”, proyecto desarrollado con sus estudiantes de la especialidad Técnico en Electricidad. Con ellos decidió salir de la sala de clases para poner sus conocimientos al servicio de algo real y concreto: hacer una completa revisión e instalación eléctrica para las familias de una población de escasos recursos cercana a la escuela. Este proyecto ha ganado varios premios que le han permitido perdurar en el tiempo, transformándose en un hito esperado no sólo por los estudiantes, sino por sus apoderados y toda la comunidad. A través de él, el alumno no sólo se siente comprometido a tener un buen desempeño para cumplir con las normas técnicas que ese trabajo le exige, sino también por el compromiso social que implica la experiencia.

A través del aprendizaje basado en un proyecto de servicio, como “Misión Aconcagua” o en el reciclaje efectivo para responder a las necesidades de su entorno, el profesor Eduardo Cortés ha impulsado en sus estudiantes las ganas de transformarse en agentes de cambio, mostrándoles otras realidades y haciéndolos participes de proyectos donde aprender y ayudar se unen para hacer que su experiencia en la escuela tenga un sentido más allá de la calificación, promoviendo en ellos un sin número de emociones.

¿Cuál es la clave de estos proyectos para marcar la diferencia? Para este profesor son 4 las características que logran transformar un proyecto en toda una experiencia de aprendizaje significativo: Involucrar a los estudiantes en proyectos que tengan un resultado real, proyectos capaces de estimularlos al ver cuán capaces son de lograr buenos resultados, y que a su vez también logren motivar a las familias, a los apoderados, quienes al ver lo que sus hijos son capaces de lograr se vuelven agentes de motivación fundamentales. Otra clave que estén vinculados con su comunidad, a través de un sentido solidario, que aporten a su entorno y los conecte con lo que pasa más allá de la escuela. Finalmente, buscar proyectos donde los estudiantes puedan desarrollar su creatividad, su capacidad de investigar y de encontrar soluciones prácticas para ellos y para los demás.

Este profesor se está jugando día a día porque sus estudiantes crean en su capacidad transformadora más allá de la sala de clases, impulsando la educación Técnico Profesional. Por eso Eduardo es hoy uno de los 5 finalistas del Global Teacher Prize Chile 2017.